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El Jardín de la Isla—-Aranjuez.

El nexo de unión entre la fachada norte del Palacio y este jardín es la llamada Cascada de las Castañuelas, obra de Bonavía. Como acceso a la ‘isla’ se recomienda el puente escalonado, puesto que forma un conjunto barroco perfecto con la fuente de Hércules y las numerosas pasarelas y estanques del siglo XVII.

La estructura definitiva del Jardín de la Isla se debe a Felipe II y a Juan Bautista de Toledo. Las especies con las que se adorna este vergel comenzaron a llegar un año después de Flandes y Francia. También se colocaron frutales procedentes de Andalucía y Valencia. Fueron muchos los jardineros que colaboraron con el trazado como, por ejemplo, Juan Hoivecq o Jerónimo de Algora.

Al final, la estructuración del espacio se basó en un fuerte eje central rodeado por compartimentos rectangulares que se dividen, a su vez, en cuadrados. La extensión se planificó de tal forma que consiguió complementar perfectamente la intimidad del jardín con las fuentes bajas, los juegos de agua, los espacios cerrados, las alusiones mitológicas y los rincones adornados con rosas.

El siglo XVIII impuso cambios dentro del Parterre: las galerías de madera se deshicieron dejando el eje central con una simple calle de árboles flanqueados con cuadros de boj. Con Carlos III se unieron al jardín unos bancos de piedra obra de Sabatini.

El recorrido por las fuentes que adornan las diferentes plazuelas y paseos dejará al visitante con un recuerdo muy grato. La ordenación de las mismas pertenece al año 1582 pero con los reinados sucesivos se fue cambiando. El aspecto actual tiene mucho que ver con la actuación en 1660 del maestro mayor de obras reales, Sebastián de Herrera Barnuevo. Se recomienda seguir la avenida central para contemplarlas mejor y poder leer los distintivos que las describen, volviendo luego por la terraza sobre la ría.

Como último dato, señalar que el agua de estas fuentes provenía del llamado ‘Mar de Ontígola’ a través de una cañería de plomo que fue sustituida por una de hierro bajo el reinado de Felipe V. De hecho, el obelisco de ladrillo que tanto atrae la curiosidad del paseante, es uno de los ‘respiraderos’ de la cañería por medio de la cual llegaba el agua.

Fuente: www.aranjuez.es

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Una respuesta

  1. Anónimo

    Veo que sacaste partido a sus muchas estatuas, pese a esa luz pesima que teniamos.
    Un abrazo Luismi.

    marzo 30, 2008 en 11:21 pm

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