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Humedales de Velilla de San Antonio.

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El sueño acuático protagonista de esta senda, la del misterioso humedal, es la manera de huir que se ha inventado Velilla de San Antonio. Huir de la vorágine que le rodea. Enclavada entre dos de los tramos de autopista más concurridos del país, repleta de muchas otras nuevas carreteras y grandes obras en proceso. Este pueblo madrileño lucha por la tranquilidad. Y en invierno y primavera cuenta con un inesperado oasis que coge a todo el mundo desprevenido.


El contraste es dantesco, ya que la primera laguna de El Raso aparece de la nada justo al lado de un polígono industrial. En ciertos momentos chocan en pleno vuelo el griterío y ruido de una fábrica con el lenguaje insistente de los patos. El resto de las aves controlan al visitante con miradas en picado, sorprendidas de que alguien más haya descubierto su escondite.

El extremado nivel de relajación provoca, entre tanto, que se duerman las piernas y casi ronquen y los brazos pierdan tensión. Es el descanso total. En el caso de que este retiro se prefiera disfrutar en solitario (que conste que el autor recomienda hacer unas llamadas y fortalecer la red social de cada uno), el excursionista tiene que saber que nunca estará solo. Por allí aparecen como Pedro por su casa el porrón común, el ánade azulón, la focha, la gaviota reidora, la sombría, la carpa, el pez gato y el barbo.

La más llamativa fauna mezclada con los álamos, los chopos, los tamarix y las vistas del Cerro del Piul y la Laguna de Picón de Conejo. La distinta orografía del ramillete de lagunas hace que la visibilidad varíe según el punto en el que el visitante se encuentre. De este modo, es probable que la ruta no la realice sólo una vez, sino unas cuantas, persiguiendo hasta la extenuación un encuentro casual con el habitante del enclave que más exótico le resulte.

Esta senda, incluida dentro del programa oficial de la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de la Comunidad de Madrid, tiene su principio y final en la entrada del Parque de la Laguna de El Raso. El mejor acceso es a través del desvío del kilómetro 23 de la autovía A-3, hacia La Poveda, siguiendo la M-506, para después desviarse hacia Velilla por la M-208. La dificultad física del trayecto es nula, y en una hora y media se finaliza.

No obstante, siempre es aconsejable en este tipo de paisajes calzar botas con tejido impermeable, para estar preparado si se mete el pie donde no se debe.

Seguramente cualquier visitante que por allí aparezca inmortalizará las secuencias en decenas de fotografías. La que rellena estas líneas es la pradera, y sobre la pradera un olivo centenario, y detrás del olivo una talanquera de madera y más allá la laguna.

Delante de todos estos detalles, un pequeño pedestal sujetando un cartel rústico con pintada contemporánea que dice «Árboles por la Paz». Así sea.

Texto: VICTOR DAVID LÓPEZ

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5 comentarios

  1. A. M.Villa

    Estupendo repor luismi. Bonito “oasis” el que nos descubres 😉

    mayo 2, 2010 en 8:11 am

  2. Lo relatas fantásticamente, ahora solo hace falta que el Jarama vuelva a ser lo que fue y se recuperen sus aguas maltratadas durante tantos años.

    mayo 2, 2010 en 11:16 am

    • Gracias Alberto, pero el texto o relato es de Victor David López, yo solo soy el autor de las fotos.

      mayo 2, 2010 en 11:30 am

  3. Muy buenas tomas, las nubes reflejandose en el agua sin duda son una maravilla.

    mayo 2, 2010 en 1:28 pm

  4. Tenias un gran cielo ese dia socio, ideal para disfrutar.

    mayo 2, 2010 en 8:08 pm

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